Panzer VI, Tiger I: El temible monstruo Nazi

Panzer VI

El Panzer VI es el nombre por el que se le suele conocer a un vehículo de guerra alemán. Su participación en la Segunda Guerra Mundial fue determinante a pesar de que este fue elaborado a mediados del año 1942.

“Tiger I” fue el apodo que recibió dicho tanque. Un dato curioso es que el apodo fue puesto por Ferdinand Porsche, y el número romano se le añadió después de que el Tiger II entrara en producción.

El Tiger I era propenso a ciertos tipos de fallos en las orugas e inmovilizaciones, sin embargo, en general era mecánicamente fiable pero muy caro de mantener y complicado de transportar, y esto se debía a sus ruedas de apoyo superpuestas y entrelazadas. En 1944 se dejó de producir en favor del Tiger II.

Detalles curiosos del Panzer VI

El Panzer VI era una auténtica bestia de acero, un monstruo nazi de 57 toneladas que causaba terror entre los soldados del ejército enemigo. Durante la Segunda Guerra Mundial apenas tuvo rival.

Ni los americanos ni los británicos plantearon a este gigantesco carro de combate un problema serio. Tan solo los soviéticos lograron ponerle en aprietos con algunos modelos como el IS 2 (en servicio desde la tardía fecha de 1944). Sin embargo, el grueso de las divisiones de tanques del Ejército Rojo (formadas por los versátiles T-34) apenas podían enfrentarse a su grueso blindaje.

Panzer VI tiger 1 preparándose para el combate

A todo esto, es importante mencionar que el PanzerVI contaba con un cañón más que letal: el KwK 36 L/56 de 88 mm. Un arma que, tal y como explica el Tank museum del Reino Unido en su dossier Tiger I podía dañar a cualquiera de sus enemigos contemporáneos a una distancia de 2.100 metros.

Todas estas características convirtieron al mencionado blindado en el terror de los aliados. Así lo dejó claro un tripulante ruso llamado Nikolai Dubrovin: Sentían escalofríos cuando veías uno. No solo por lo poderoso que era, sino porque imponía.

Su fabricación y otros datos importantes

De las fábricas nazis apenas salieron 1.354 de estos gigantes durante toda la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, esos pocos carros de combate valieron para generar un mito que todavía perdura hasta nuestros días. Y esa misma leyenda de imbatibilidad es la que ha llevado a Francisco Fernández Navarro a crear su último diorama en torno al Tiger I.

Según afirma ABC, ha dedicado muchas horas de pegamento y pintura para dar vida a cada uno de los soldados que aparecen en la escena. Con todo, está más que seguro de que ha merecido la pena, pues sabe que aquel afortunado que lo compre, sin duda alguna, se llevará a casa un pedacito de historia.

El monstruo de Hitler

El proyecto de crear un carro de combate como el Panzer VI, el coloso en el que Fernández basa su nuevo trabajo, no arribó de la nada. De hecho, Alemania ya había tenido pequeños escarceos con esta idea en 1937.

Panzer VI en un acto de entrenamiento

Sin embargo, hubo que esperar cinco años más para que se materializase definitivamente. Los primeros esfuerzos serios fueron consecuencia de una reunión con Hitler el 26 de mayo de 1941, explican Tom Jentz Hilary Doyle en su obra El temible “Tiger I”.

Tras aquella jornada, el Führer ordenó a sus dos empresas de cabecera (la austríaca Porsche y la germana Henschel) que diseñaran un tanque pesado el cual fuera capaz de resistir los envites de los cañones británicos.

Así lo señalan los expertos en la obra, donde determinan también que el proyecto comenzó antes de tener que hacer frente a los posteriormente multifacéticos T-34 de la URSS.

El tanque indestructible: Panzer VI

El carro de combate diseñado por Henschel se convirtió en un auténtico fortín con orugas. En palabras de los autores de El temible “Tiger I”», tenía unas dimensiones de 3,70 metros de anchura por 8,45 metros de longitud total (unas cifras incomparables con las del tanque medio Shermanf, de 2,62 metros por 5,84 metros).

Y otro tanto pasaba con su peso (57 toneladas por las 30 del vehículo que formaba la columna vertebral norteamericana). Curiosamente, y a pesar de su tamaño, no era excesivamente lento, o al menos así lo afirma el “as” de los tanques germano Otto Carius en sus memorias Tigres en el barro: Podíamos conducir a 45 kilómetros por hora en carretera, o a 20 a través del campo.

Panzer VI en servicio

En vista del equipamiento que transportábamos, conducíamos a solo 20 o 25 kilómetros por hora en carretera y a una velocidad proporcionalmente inferior en campo abierto. Nada que envidiar a los 50 kilómetros por hora del que, posteriormente, sería uno de sus principales enemigos.

La estructura del Panzer VI estaba defendida por planchas de 100 milímetros en el frontal, y de 60 milímetros en los laterales. Grosor que hacía casi imposible que pudiese ser dañado por la mayoría de los tanques medios de los aliados o sus cañones de infantería.

El blindaje de protección de los costados y de la parte trasera era suficiente para eliminar toda amenaza seria de los cañones contra carros norteamericanos de 75 mm. o carros soviéticos de 76 mm. a las distancias normales de combate», explican Jentz y Doyle.

Las estadísticas son letales para los estadounidenses. El historiador Bryan Perrett confirma en su libro Tank Warfare que los Tiger I podían destruir a los Sherman a una distancia de hasta 3.000 metros (aunque con algo de suerte, eso sí).

A su vez, explica que la mayoría de los carros de combate aliados no podían atravesar el grueso blindaje frontal de los Panzer VI, por esta razón, lo que solían hacer era acercarse mucho a ellos para tratar de rodearles y entonces dispararles por su retaguardia.

Sin embargo, los combates no eran como los vemos el día de hoy en las películas, sino que los vehículos se avistaban a unas distancias de, como mínimo, un kilómetro y medio antes siquiera de poder reaccionar. Esta acción daba una ventaja clara a los nazis.

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